Hay mañanas en las que te levantas por inercia, sin más respuesta ni aliciente que ese, como mínimo desde un punto de vista motivacional y existencial, o también de realización personal. En honor al director fetiche de uno de mis mejores amigos, Woody Allen, me termino ahogando en la misma inconformista, rebelde y eterna pregunta, la cual también trasciende del discurso del citado cineasta: ¿es esto lo que quiero en la vida?. Mi mente posee un mecanismo errático que aunque alguien tildaría de patológico yo lo amo porque me define sin pretenderlo. Se manifiesta sobretodo cuando me despierto con la sensación con la que abría el texto. Gracias a eso recuerdo y añoro más si cabe a los que quiero, empiezo un proceso creativo que desemboca en sueños lejanos o cercanos, le concedo el valor exacto e incalculable a la complicidad, y planeo compartir un trago, del sexo y de todos sus vicios, identificar la amistad, y un largo etcétera. Como hablaba de mecanismos erráticos, confesaré una de las conclusiones adoptadas de Allen que se me repiten a modo de bucle a temporadas. Se trata de un monólogo que sirve de prólogo de la película Annie Hall i que el mismo director interpreta. (Aquí tenéis el link. Se trata del primer chiste que cuenta sobre la vida –antes de seguir leyendo me gustaría que lo viéseis-: http://www.youtube.com/watch?v=HmRfK9huDvQ). Yo, que como soy sujeto soy subjetivo, hago mi propia lectura y aprovecho para mí mismo las múltiples conclusiones que saco de ese simple chiste. No sé si aquello que me hace identificar lo que quiero vivir es saber que la vida en general es una mierda o tener la certeza de saber que la vida es corta que he de aprovechar el porcentaje de tiempo del que realmente soy dueño (por omisión entenderéis que el resto del tiempo pertenece a quien me paga, y no todos los días me sentiré realizado por un trabajo). Pero esta respuesta, en mi opinión ya carece de importancia, dado que ya he conseguido algo reivindicando mi condición de sapiens sapiens y conseguir ser consciente de mi autodefinición a través de lo que deseo. Otra de mis máximas la aprovecho por otro personaje interesante, J.P. Sartre, de cuya cosecha es aquello de “lo contrario a la muerte es el deseo”. Por lo tanto, y aunque reconozco que aborrezco las moralejas, hoy voy a ser hipócrita. Discrepo de Sartre, o no soy tan fatalista, aunque sí más dramático. Lo contrario al deseo o a los momentos en que vives por y para lo que deseas es una vida vulgar, absurda y sobretodo de transición. Y la vida, mis añorados animales trata de aprender a superar esos angostos espacios de tiempo en los que el deseo no interviene. Porque desear todos sabemos…
PITÓN
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